Por: Regino Martínez, SJ.

Ante la situación vivida en la actualidad a nivel global y personal; nos sentimos amenazados por los cuatro costados y desde abajo hasta arriba en la escala social. Dado que es la persona quien transmite la pandemia; de ahí el distanciamiento social, por la clandestinidad del ataque; podemos transmitir la virocidad sin saber que estamos contagiado. Los síntomas se manifiestan una semana después de adquirir el virus. Aquí aparece lo determinante que son las relaciones en nuestra vida: se ha desequilibrado la economía, la política, el ocio, el culto, muchas empresas en quiebra y nos hemos tenido que ver como realmente somos: limitados; y no como decimos que somos: “super”… ¿qué?… La lógica del YO Super… cava mi propia tumba…, nuestra tumba.

La Covid19 nos ha desnudado y al ver nuestra humanidad desnuda caemos en la cuenta de que estamos muy lejos de lo que decimos de nuestra opción vital tanto a nivel eclesial como personal e institucional. Nos hace caer en la cuenta de que necesitamos al empobrecido/a para poder mantener nuestra seguridad consumista a costilla de ellos y ellas.

El estremecimiento social causado por la aparición de la Covid19, nos ha manifestado el grado de deshumanización en una etapa de la sociedad en que el avance de las ciencias disminuye el período entre generaciones… El techo de las ciencias no coincide con el bienestar de la mayoría de la humanidad; nos distanciamos cada vez más en vez de acercarnos… “La brecha sigue ampliándose”.

Entonces… ¿Cuál ha sido el escenario escogido por nosotros para anunciar y denunciar en el teatro de la vida? ¿Desde dónde hemos venido actuando? ¿A quiénes acompañamos? ¿Por dónde hemos entrado a este drama vitae: por la alfombra roja o por la puerta trasera…? ¿Tendremos la transparencia, sinceridad y valentía de responder estas preguntas?

Mi interés no es el acusar a otros, personal o institucionalmente, de tal deshumanización, sino analizar por qué nosotros, Iglesia Católica, “experta en humanidad”, (Pablo VI…). Por qué nosotros, Compañía de Jesús, siendo que “nuestra misión incluye e implica inseparablemente nuestro modo de vivir (Carta 2020/3, El cuidado de vida-misión): ¿cuál ha sido nuestra participación en este proceso de deshumanización? No podemos terminar la cuarentena sin iniciar una respuesta nueva. ¿Más de lo que hacíamos…? ¡Hasta Dios lo ve!!! Esta realidad de dolor que vivimos y contemplamos tenemos que aprovecharla como un momento de gracia porque nos ofrece la oportunidad de cambiar, de transformar el mal que hemos venido legitimando contra nosotros mismos. Somos privilegiados. Podemos, si contamos con Dios. Dios escribe derecho en líneas torcidas… Donde lleguemos apoyados en lo que esté al alcance de nuestras fuerzas, Dios pone lo que nos falte…

Creo que a medida que el tiempo nos distancia de nuestras raíces institucionales y de la opción vital personal…, vamos perdiendo fidelidad al valor originario y nos trasvasamos del Ser Trascendente al Yo; de espiritualidad pasamos a yoicidad… Tanto la identidad personal como la institucional se definen por los valores asumidos. Es por eso, que partimos de la cultura como referente en el análisis que hacemos para entender y poder responder con eficacia al papel que hemos desempeñado en el “teatro de la vida actual” porque desde que termine esta cuarentena, se normalice la situación social y la vida continúe su agitado curso… ¿Seguiremos desempeñando el mismo papel que antes de la Covid19…?

Si hay algo determinante en la vivencia de nuestra opción vital y el rol desempeñado por nosotros en la vida es la inculturación; el meternos, el sembrarnos en el mundo empobrecido despojados de poderes y crecer de nuevo para poder cumplir con nuestra misión de evangelizar sólo hablando el idioma de la gente, conociendo su imaginario es cómo podemos anunciar el mensaje de salvación encomendado, como lo hizo Jesús en Nazaret; por tanto, lo primero que debemos tener bien claro es el significado de la palabra CULTURA: La cultura la llevamos dentro, en nuestra mente y nuestro corazón. La cultura de una persona no se ve; pero se siente y sólo se expresa en la medida que nos relacionamos con palabras, gestos y símbolos en nuestro actuar… En ese sentido, Cultura es afecto/sentimiento y pensamiento. ¿Quién ha visto un dolor de muela? ¿Podemos decir que el dolor de muela no existe? ¿Quién ha visto, tocado, olido, oído, gustado un pensamiento? Nadie; ¿entonces, las ideas no existen, el pensamiento no existe porque no se ve? Los componentes básicos de la persona son la racionalidad, la afectividad (mente y corazón) para relacionarse… Conocer sin amar nos seca; pero amar sin conocer nos inunda..; tanto la sequía como la inundación matan….!!! Sólo la adecuada relación de sol y agua, en la tierra, produce la buena cosecha…

La cultura es algo que llevamos dentro y no se puede ver/tocar/oler-oir; pero existe, yo me doy cuenta de que existo, estoy vivo/viva y me puedo comunicar con otros como yo, me relaciono…, puedo entender la situación que otro como yo puede estar viviendo, sintiendo o pensando y viceversa…, hasta con los animales nos comunicamos… Los mismos animales entre sí se comunican con un saber sabido (no aprendido…). El saber de las personas es aprendido y complementario dada su racionalidad/afectividad y libertad relacional… Así se genera nuestra identidad personal y comunitaria. Nos necesitamos mutuamente: yo sin ti y tú sin mí… ¿qué?; nos necesitamos mutua y absolutamente. A mayor conocimiento mutuo mejor relación/comunicación y bienestar compartido… (La Covid19 nos enseña cómo el sistema de acumulación rompe nuestras relaciones de amistad y nos somete a un sistema de injusticias y privilegios sofocantes, deshumanizante!!!).

Hay sentimientos y pensamientos que no son exclusivamente míos… por ejemplo: el lenguaje, la religión, el arte, las creencias, el comercio, los sazones de comidas y la misma variedad de comidas…, Los partidos políticos…, las modas…, la ideología y el comportamiento siempre serán diferentes y complementarios porque somos libre y hasta Dios respeta nuestra libertad… (Lo que nosotros generamos con nuestro comportamiento…, corresponde a nosotros superarlo, no a Dios…)

¿Cómo organizamos esos sentimientos y pensamientos que pertenecen a todas las personas y definen un grupo humano?… ¿Todas las personas de la humanidad hablan el mismo idioma? ¿Tienen la misma religión?… ¿Tienen el mismo sazón?… ¿Tienen las mismas costumbres?… ¿Se visten igual?… En este sentido, podemos decir que cada persona tiene una identidad única e irrepetible y cada grupo humano tiene una cultura que le da una identidad personal y comunitaria limitada por un lugar de vida y una cantidad variable de personas en un tiempo que acumula saberes para el presente y futuro de las personas… En este sentido, cultura es una forma, un modo de expresar lo que interiorizamos del otro y del lugar de vida, que al relacionarnos nos da una identidad personal y comunitaria.

La persona humana, digo persona humana, porque hay personas divinas (Padre, Hijo, Espíritu Santo; un Ser Trascendente, que me hace partícipe de la vida y es LA VIDA…); hay personas espirituales (Ángeles y Santos…); en la persona humana, digo, no todo se acaba con las palas de tierra que nos tiran al dejar esta vida… Las personas tenemos un motor interior que nos mueve, que tampoco vemos, y da origen a nuestra cultura, LOS VALORES: racionalidad, afectividad, relaciones, libertad, solidaridad, ética, devociones familiares, servicialidad, respeto, generosidad, justicia, verdad, acoger, escuchar, compartir, disponibilidad, igualdad, equidad, trabajo, diferencias…

Esos valores los admiramos y los asumimos de la experiencia vital de Jesús, que salva la humanidad, Hijo de Dios: “este es mi Hijo amado, a quien he elegido” (Mt. 3,17). Estos valores forman el quicio…, la base interior del comportamiento humano, que le llamo DEBILIDAD SOLIDARIA ASUMIDA. Esta Debilidad Solidaria Asumida (DSA) me hace uno con el débil, es la raíz del “CON Y COMO”, (EE.EE. N°95). La persona débil necesita de los otros. La persona débil no puede sostenerse por sí misma y necesita del otro/otra para poderse relacionar: “saco vacío no se para”; esa relación personal: acoger + escuchar + acompañar, compartir con el empobrecido genera un estilo de vida y define una personalidad, “el Siervo”, Servidor, Servidora, (Is.42, 9-11). Sin el Otro, sin la Otra, no soy, no puedo existir; nos necesitamos mutua y absolutamente… La “debilidad solidaria” tiene que ser asumida libremente. Es decir, el débil solidario conscientemente renuncia a una vida cómoda, segura, a la cual tiene derecho, para ir a hacerse solidario con los débiles y así lograr que el débil pueda salir de su debilidad fortalecido con mi debilidad solidaria asumida, (DSA), la debilidad nos fortalece (2Cor.12,8-10). Dios no quiere que nadie sufra. El ejemplo más claro de la debilidad solidaria asumida es JESÚS, se despoja de la divinidad para hacerse gente como nosotros (Flp. 2, 5-11). El nuevo sentido que Jesús le da a la vida asumiendo la debilidad solidaria hace que la pobreza sea buena, lo malo es la miseria económica, la miseria moral y la miseria espiritual… (Cfr. El Papa Francisco, Mensaje de Cuaresma 2014). La experiencia de Jesús es válida “hoy, mañana y siempre” Heb.13,8-9. El estilo evangelizador de Jesús no pasa de moda. Jesús es referencia definitiva, absoluta, sea cual sea el tiempo en que vivamos; así lo vemos en los santos cual sea la época vivida d.C

La cultura de la debilidad solidaria asumida libremente me da una dinámica vital que me fortalece para toda la vida, me lleva a querer al otro como a mí mismo. La cultura de la debilidad solidaria asumida libremente me hace consciente de que beneficiando al Otro es como yo me beneficio. Así hago presente el Reino de Dios, que repolla en la comunidad de evangelizadores y en cual sea la comunidad…, porque la comunidad es donde vivimos todos y todas en paz, armonía, respeto, justicia, igualdad, equidad; donde lo que hay da para todos y todas. Se genera una nueva humanidad: convivencia humana, que hace presente el Reino de Dios, dadas las limitaciones humanas se hace presente el “sí, pero no…”.

La cultura de la debilidad solidaria abarca todo lo que hago en la cotidianidad, me da un estilo de vida y define en mí una personalidad EL SERVIDOR, LA SERVIDORA DE TODOS Y TODAS (San Ignacio llama a este estilo “contemplación para alcanzar amor…”). Esto hace que aparezca también un poder al servicio de los empobrecidos, empobrecidas, tanto a nivel personal como comunitario. Es por eso, que a Jesús lo querían hacer Rey; sin embargo, él no aceptó porque su Reino no es como el de los que se hacen dueños de los bienes que administran (Mc.10, 42-45); Jesús nació pobre, vivió pobre y murió solamente con lo que tenía puesto: su túnica… Y nunca le faltó nada. Jesús es prototipo de la cultura de la “debilidad solidaria asumida”… Y tú? Y nosotros?… El mundo está salpicado de locos…, semillas para una tierra nueva y un cielo nuevo… Los beneficiarios, quienes crean y asuman las enseñanzas de la DSA, esos serán los dueños de los colegios, universidades, asilos, orfelinatos y obras de servicios ofrecidos a los empobrecidos y empobrecidas de la nueva sociedad. Así la Providencia no será exclusiva de las aves y flores del campo… Lc.12, 22-31. El apropiarnos de los medios de evangelización nos dan seguridad nos instalamos y nos hacemos dependientes de quienes nos financian los servicios que ofrecemos como Agentes Evangelizadores, el Estado y los ricos; nos alejamos de servicio solidario y nuestra misión queda mutilada…

La Iglesia y la Vida Consagrada, caracterizadas por la DSA, no necesitan de cantidad de personas, sino de calidad personal. La cantidad de personas consagradas son necesarias para administrar las obras de servicios financiados asumidas, hasta ahora, por los consagrados/as (Religiosos/Religiosas+ Iglesias) y así legitimar corrupción e impunidad en la sociedad y al Gobierno de turno en un Estado de Derechos, es una enseñanza de la Covid19… El anuncio profético de “La Palabra” se multiplica dependiendo de la coherencia y fidelidad al mismo anuncio que se hace por quienes lo hacemos. Jesús decía y hacía lo que decía y recriminaba diciendo: “hagan lo que dicen; pero no hagan lo que hacen “Mt. 23 1-12.

Si la Covid19 nos ha desnudado tengamos la valentía de no ocultar nuestras miserias con discurso monitoreando a otros y disimular nuestro quehacer asentado en propiedades y privilegios que nos dan seguridad y disimula nuestra debilidad profesada…, que genera legitimaciones de estructuras violadoras del sentido de humanidad en una sociedad super/moderna y cientificada para un grupito de humanos…

Lo nuestro no es el uso de recursos tecnológicos para la socialización del evangelio (evangelización), sino el que las causas que asumamos, en defensa del empobrecid@, sean asumidas por los medios virtuales usados por los jóvenes, comunicadores sociales, redes sociales, empresarios, científicos, políticos, economistas, culturólogos y transmitan una vida nueva a la sociedad teniendo en cuenta nuestras enseñanzas, denuncias y renuncias…

Jesús nos ha enseñado el camino de cómo evangelizar. Jesús vivió, habló e hizo. No disimulemos, veámonos a nosotros mismos; la Covid19, venga de donde venga, nos habla claro recordándonos nuestra Misión encomendada por Jesús. No hay peor ciego que el que no quiera ver!!! Estamos a tiempo… Las enseñanzas aprendidas tenemos que iniciar su práctica inmediatamente para que no se nos olviden: veamos cómo la Covid19 ha despertado la solidaridad al nosotros hacer consciente nuestra seguridad financiada y distanciada de los empobrecidos… Cómo hemos recuperado la oración familiar relegada por prisas individualizantes.

Tanto tiempo de ocio nos hizo redescubrir lo formativo de la lectura, lo que no aprendimos en la escuela, la universidad o en la vida…, está a nuestro alcance dedicando tiempo a la lectura continuada y a la reflexión compartida.

Una pequeñez microscópica nos hace temblar al ver la fragilidad de la vida, tanto la del que más tiene como la del más débil e indefenso!!! Somos iguales y las diferencias nos complementan. Somos lo visible de Dios. ¿Tú sin mí? ¿Yo sin Ti? Qué?

Covid19, tiempo de gracias. Gracias diversificadas, que si las ponemos al servicio del otro, de arriba hasta abajo en la escala social, nos engrandecemos todos. Hacemos presente el Reino de Dios, aquí y ahora. Y para después la Plenitud de vida. Oigamos a Jesús de Galilea, que nos dice: “vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlos mis discípulos…” (Mt.28, 18-20).