Padre Juan Montalvo SJ

“Padre Juan Montalvo Arzeno, una vida para empezar a sentir en la cara y el corazón el aire de un país diferente.”

Manolo Maza SJ

El padre Juan Manuel Montalvo Arzeno nació en Moca, el 17 de febrero de 1936 y murió en Nueva York el 9 de enero de 1979.

En 1951 sintió la llamada del Señor a la vida sacerdotal y decidió ingresar al Seminario Santo Tomás de Aquino de Santo Domingo. Luego de dos años de estudios de latín y de finalización del bachillerato en el Seminario, Juan sintió una nueva exigencia del Señor y fue la de tomar el camino de la vida religiosa dentro del carisma ignaciano de los padres jesuitas. Fue así como el 6 de septiembre de 1953 partió hacia La Habana, al noviciado de San Estanislao de Kostka. En 1955 hizo sus primeros votos religiosos e inició sus estudios de Letras y Humanidades, fase que completó en 1957 marchándose de inmediato a la Facultad de Filosofía San Gregorio de Quito, Ecuador.

En 1960 fue nombrado por sus superiores profesor y consejero de los jóvenes de último año del bachillerato del Colegio San Ignacio de Río Piedras, Puerto Rico, donde tuvo también a su cargo la formación del coro de dicho colegio. En 1961 fue destinado a especializarse en Sociología, para lo cual fue enviado a la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, fase que concluyó en 1964 junto con el inicio de sus estudios de Teología, para lo cual fue destinado al teologado de Heythrop College, afiliado a la Universidad de Oxford de Inglaterra. Fue ordenado sacerdote en el verano de 1966 y permaneció allí un tiempo más para finalizar requerimientos de grados académicos. En el 1967 fue a Murcia a realizar al Tercera Probación. Regresó a RD en agosto de 1968.

Recién llegado a Santo Domingo en agosto de 1968, fue destinado a la formación de jesuitas en el Centro Bellarmino de Santiago de los Caballeros, y al mismo tiempo profesor de las Facultades de Ciencias Sociales y Económicas y de Educación de la Universidad Católica Madre y Maestra. Algunas de las materias que impartió fueron Antropología Cristiana y Sociología del Hombre Dominicano, Doctrina Social de la Iglesia, algunas de las cuales eran requisitos para estudiantes de la mayoría de las carreras. En esas materias supo sintetizar toda su amplia cultura y formación socioantropológica con su aguda capacidad de observación de la conducta del dominicano, desde sus personajes históricos más relevantes hasta el hombre común de la actualidad y de la cotidianidad. Además de su labor como profesor universitario Juan asumió la tarea de consejero personal y espiritual, que decenas de sus discípulos universitarios y allegados le asignaron.

Luego, más adelante fue designado maestro de novicios de los jesuitas, labor añadida a sus funciones universitarias. En esa labor fue pionero de un nuevo estilo de noviciado post-conciliar y acorde con los nuevos tiempos, poniendo a sus jóvenes novicios en contacto con la realidad del hombre cotidiano. Ese estilo de noviciado vino a ser modelo para muchos noviciados jesuitas de América Latina, ya que los futuros y actuales maestros de novicios vinieron a observar las experiencias que hacia el padre Juan en su casa de formación de “El Ensueño” con sus futuros jóvenes jesuitas.

La vida del padre Juan fue intensa y larga en siembras y obras realizadas, pero corta en años: en 1978 se le presentó un cáncer de vías digestivas y el nueve de enero de 1979 entregó su alma a Dios en Nueva York en presencia de su hermano Luis Emilio, quien escribe estas líneas, teniendo el privilegio de estar agarrado de su mano en ese preciso momento.

Justo al morir se presentó a la habitación un equipo especializado para extraerle una de sus córneas para implantársela a un accidentado. Él había firmado días antes un documento ofreciendo cualquiera de sus órganos que pudiera servir para que alguien siguiera disfrutando de la vida.

Ojalá el sueño del padre Juan de justicia social se encarne en nuestras estructuras socio-políticas y económicas para que ese hombre común y mayoritario por quien él tanto se preocupó tenga una patria próspera y acogedora de donde jamás haya que salir huyendo hacia ninguna parte en busca de supervivencia o de mejor vida.