Ante la migración forzada en un callejón sin salida,

¡organicemos la esperanza!

 

Las organizaciones e integrantes de la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteamérica reunidos en la asamblea 2021, en la que se conmemoran los 20 años de la RJM-CANA, manifestamos nuestra preocupación y ratificamos nuestro compromiso con las personas migrantes forzadas y las condiciones que enfrentan en Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá, y hacemos un llamado a los gobiernos para responder a esta realidad desafiante respetando su dignidad y derechos humanos.

La migración forzada en un callejón sin salida. Desde la RJM CANA seguimos denunciando la contradicción que existe entre los discursos, las prácticas y las políticas de los gobiernos de la región, principalmente, en los países de tránsito y destino. La continuidad de las políticas restrictivas, de contención, externalización y militarización de las fronteras no resuelven el problema de fondo de los sistemas de migración y asilo, por el contrario, agudizan la crisis humanitaria en la región. Por otra parte, los anuncios importantes orientados a abordar las causas de la migración resultan insuficientes incluso perjudiciales, cuando los programas a los que se dirigen los recursos repiten fórmulas ineficientes y no llegan a las comunidades. Mientras tanto, las amenazas a la democracia, la corrupción y la violencia continúan forzando a las personas a migrar. Todo esto agudizado por la crisis socioeconómica a raíz del COVID-19.

Luego de un año de cierre de fronteras e incertidumbre por la pandemia, el 2021 ha estado marcado por cuatro dinámicas migratorias crecientes y desafiantes: i) el histórico flujo de los países del norte de Centroamérica hacia Estados Unidos; ii) el flujo de nicaragüenses que huyen por violencia política hacia Panamá, Costa Rica y Estados Unidos; iii) el flujo de más de 125 mil personas haitianas, también cubanas, venezolanas y extracontinentales, muchas de ellas menores de edad, que han atravesado el Darién, hoy por hoy la frontera más peligrosa del continente, con rumbo a México, Estados Unidos y Canadá; y iv) el desplazamiento forzado interno en México y Centroamérica. En estos flujos mixtos las personas migrantes terminan atrapadas en ciudades-cárceles, sobre todo fronterizas, en las que quedan detenidas y privadas de su libertad no solo entre muros de concreto sino a través de procedimientos que buscan contener su huida, criminalizadas y despojadas de dignidad; esto cuando no son expulsadas sin garantías del debido proceso y expuestas nuevamente a los riesgos de los que huyen. Estas medidas que intentan disuadir a las personas migrantes ya se han implementado antes con pocos efectos para ese propósito.

En la crisis crónica e invisibilizada de la migración y las fronteras, mientras los Estados en su retórica diplomática hablan de “retornos” y “aseguramientos”, nosotros vemos personas “expulsadas por el Título 42”, “atrapadas” y “arrojadas” al peligro del que huyen o a los grupos de crimen organizado que trafican con ellas, exponiéndolas a mayores riesgos, reflejo del impacto de las políticas migratorias inhumanas que incrementan las aristas de la vulnerabilidad, especialmente para las mujeres, niños, niñas, adolescentes y personas LGBTIQ+. Insistimos que las crisis no son propiciadas por las personas migrantes, sino por las decisiones políticas que no responden al bien común.

Organizar la esperanza. Ante el escenario desalentador, la RJM-CANA sigue proponiendo acciones que nos permitan caminar hacia la esperanza. Estos 20 años de recorrido nos han permitido comprender la importancia de trabajar juntos y juntas con las personas migrantes. Vemos signos de esperanza en la Postura de la Compañía de Jesús en México y Centroamérica y de todo el cuerpo apostólico ante las migraciones forzadas; en los esfuerzos por monitorear y visibilizar las violaciones de derechos humanos contra las personas migrantes; en el acompañamiento pastoral diario que brindan tantas mujeres y hombres comprometidos a riesgo de ser criminalizados, y la apertura de proyectos articulados entre las distintas organizaciones en las fronteras donde se requiere mayor presencia. Reconocemos los desafíos y es por esto que hacemos un llamado a los Estados, a la sociedad en general y a las organizaciones de Iglesia a:

  1. Impulsar en la región políticas adecuadas a la realidad de los flujos mixtos, los perfiles y necesidades de las personas forzadas a migrar, las cuales reconozcan el derecho fundamental a migrar y buscar asilo; que garanticen el acceso a derechos; que faciliten la regularización migratoria. Y rechazar aquellas políticas de trasfondo xenófobo que buscan restringir o contener los flujos migratorios, negando derechos tan fundamentales como la vida o la integridad.
  2. Atender desde un marco de derechos humanos las múltiples crisis migratorias y abordar las causas de la migración. Vemos múltiples crisis asociadas al aumento de violencias (comunitarias, institucionales, del crimen organizado, hasta las estatales), al deterioro ambiental causado por el extractivismo, al desplazamiento interno forzado, que provocan aumento y diversidad de los flujos migratorios y sus rostros cada vez más vulnerables, en los que confluyen una pluralidad de causas. Abogamos atender las causas reclamando el derecho a no migrar.
  3. Implementar políticas y mecanismos de integración de las personas retornadas y migrantes en los países de destino, cada vez más forzados, que eviten su concentración en ciudades donde no hay suficientes fuentes de trabajo, que aborden las barreras y obstáculos como la discriminación, pongan en valor los aportes culturales, sociales y económicos de las personas migrantes y les permitan acceder a derechos en igualdad con la población de acogida, asegurando su participación en el diseño e implementación de las políticas públicas.
  4. Insistimos en poner la mirada y dar una respuesta apostólica en aquellos lugares de mayor desprotección e invisibilizados como la frontera del Darién.

Sabiéndonos interpelados por el mensaje del Papa Francisco en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado y su llamado a salir a las periferias existenciales para acoger a todos y todas “Hacia un nosotros cada vez más grande”, afirmamos el compromiso para dar “Otro passo más” junto a las personas forzadas a migrar en búsqueda de un lugar seguro para poder vivir con dignidad y realizar su propósito de vida. #SeguimosCaminando para reducir la indiferencia, la discriminación y la xenofobia y aprender que el amor y la vida, no tienen límites ni fronteras. Juntas y juntos podemos dar #OtroPassoMás

Más información en redjesuitaconmigranteslac.org