Los nacionales de un país tienen todo el derecho a sentir orgullo patrio, a defender lo que consideran su tierra sagrada, a cuidar con recelo la sociedad en la que viven y, sobre todas las cosas, tienen la potestad de asumir el compromiso de hacer mejor a su nación.
El derecho que no tenemos los nacionales de un país es el de fomentar la xenofobia o el odio contra aquellos que decidieron vivir en nuestra tierra porque la consideran un contexto social mejor al que les tocó de nacimiento o simplemente porque la vida los trajo a radicarse dentro de nuestras fronteras por decisión propia o por otra enorme lista de circunstancias.
Ese sentimiento xenófobo ha comenzado a aflorar y a fortalecerse en la República Dominicana, alimentado por la compleja situación que se vive en la vecina Haití, y hay que tener cuidado, porque se presta para las injusticias.
Defender las fronteras y la calidad de vida no es lo mismo que ser xenófobo. Lo primero, como planteamos al inicio, es un derecho de los pueblos, lo segundo, sin embargo, es un acto retrógrado. Apostemos al orgullo patrio, no a la xenofobia, eso nos hace mejores.
Tomado de: Editorial de Diario Libre